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OPINION

20 de octubre de 2012

DIA DE LA MADRE por el Padre Carlos Arive

Como es tradicional en nuestra patria, el tercer domingo de octubre, celebramos el día de la Madre. Celebrar dice el diccionario significa alabar, aplaudir, reverenciar. En la mentalidad bíblica alabar o alabanza quiere expresar la acción de gracias a Dios por una maravilla realizada y de la cual el sujeto religioso es testigo. Así por ejemplo: “Alaba al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios…el perdona todas tus culpas…rescata tu vida del sepulcro…etc.” Salmo 103 (102). Nosotros, como creyentes, queremos alabar a Dios por el don de la mujer y la maternidad, fruto del amor entre el hombre y la mujer y santuario (templo) de la vida. Maravillados también con el salmista: “Tu creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable” ¡Que maravillosas son tus obras! Salmo 139 (138) 13-14. Así entonces se invita a la alabanza a Dios por nuestras madres.
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Como es tradicional en nuestra patria, el tercer domingo de octubre, celebramos el día de la Madre. Celebrar dice el diccionario significa alabar, aplaudir, reverenciar. En la mentalidad bíblica alabar o alabanza quiere expresar la acción de gracias a Dios por una maravilla realizada y de la cual el sujeto religioso es testigo. Así por ejemplo: “Alaba al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios…el perdona todas tus culpas…rescata tu vida del sepulcro…etc.” Salmo 103 (102). Nosotros, como creyentes, queremos alabar a Dios por el don de la mujer y la maternidad, fruto del amor entre el hombre y la mujer y santuario (templo) de la vida. Maravillados también con el salmista: “Tu creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable” ¡Que maravillosas son tus obras! Salmo 139 (138) 13-14. Así entonces se invita a la alabanza a Dios por nuestras madres.

Aplaudimos, palmoteamos para demostrar la aprobación que hemos experimentado frente al amor materno. Quiera Dios que esta sea la experiencia de la inmensa mayoría de la humanidad. “El que respeta a su madre es como el que acumula un tesoro” (Eclesiástico 3, 3).  Al amor materno no solo lo aplaudimos sino que lo respetamos y tratamos de estar cerca de nuestras madres. Que nuestro afecto y cercanía sea el mejor aplauso en su día.

Reverenciamos, respetamos e inclinamos nuestros cuerpos en señal de agradecimiento a Dios por el amor, eco de su amor eterno, manifestado en el amor de nuestras madres. Esta reverencia se hace mas evidente, cuando, para el creyente, se reza por la persona, viva o fallecida en la acción de gracias que es la Eucaristía, la Misa Hacia allí vamos a rezar con nuestras madres o las recordamos ante el altar del Señor como dijo la mama de san Agustín antes de morir: “Con este cuerpo hagan lo que quieran, pero les ruego que me recuerden siempre delante del altar del Señor” (Confesiones).

Así recordamos a nuestras madres los creyentes cristianos y así también reconocemos la obra de Dios  dando gracias al Señor, que es el mejor homenaje que podemos hacerles. Porque es impensable que quien agradezca a Dios por su propia madre, no tenga la correlación en la vida de un agradecimiento, afecto y ayuda cercana de su hijo o hija.

¡Feliz dio a todas las madres! ¡Que no falte la oración y la memoria en el Señor para aquellos que la han visto partir con la esperanza de la Resurrección y la Vida Eterna. P. Carlos

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