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OPINION

5 de octubre de 2012

Por el Padre Carlos Arive - SAN FRANCISCO DE ASIS: UNO CON CRISTO CRUCIFICADO

El 4 de octubre la Iglesia celebra la memoria de san Francisco de Asís, el “pobre de Asís”. El amor de Francisco a Jesucristo ha quedado prendado por siempre por el misterio de su Encarnación, que Dios se haya hecho hombre, llegando a rebajarse todo por cada uno de nosotros. Así los misterios de la humanidad de Cristo enternecían a Francisco y, no es casual, que sea el quien realizara por primera vez un pesebre viviente.

Pero ha sido la Pasión de Cristo el lo que más ha conmovido al santo. Dice el Papa Benedicto XVI: “El Pobrecillo de Asís, mas allá de los debates intelectuales de su tiempo,  había mostrado con toda su vida la primicia del amor: era un icono viviente y enamorado de Cristo, y así hizo presente, en su tiempo, la figura del Señor; convenció a sus contemporáneos no con las palabras, sino con su vida”.

En 1224, en el eremitorio de La Verna, Francisco vio el Crucifijo en forma de un serafín, y del encuentro con el Señor crucificado recibió las llagas. “Se convirtió así-añade el Papa-en uno con Cristo crucificado: un don, por tanto, que expresa su identificación con el Señor. Se ha dicho que Francisco representa un alter Christus, era verdaderamente un icono vivo de Cristo”. Francisco había realizado la conformación con Cristo, la “cocrucifixion”. Se había cumplido en el, de manera perfecta, el ideal paulino de la vida en Cristo: “Estoy crucificado con Cristo; vivo yo,  pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi. Esta vida en la carne la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amo y se entrego por mí” (Garatas 2, 19-20). Al bajar de La Verna, Francisco era el Evangelio viviente, alter Christus.

Así los describe san Buenaventura: “Cuando el amor de Cristo hubo transformado en su propia imagen al amante Francisco…bajo del monte el seráfico Padre llevando en si mismo la imagen del Crucifijo, no formado por algún artífice en tablas de piedra o de madera sino impresa en la propia carne por el dedo del Dios vivo…Francisco, crucificado ya con Cristo, lo mismo lo mismo en el cuerpo que en el espíritu, no solo ardía en inflamado amor de dios, sino que deseaba, con vivas ansias, como Cristo, la salvación de todos los hombres”.

Asís, a mas de 800 años del paso de Francisco y Clara por nuestra tierra, todavía hoy con fuerza inusitada despide el olor a santidad y a esa identificación con Cristo que, quienes la visitan no dejan de percibir. Los franciscanos, por otra parte, desparramados por el mundo llevan el espíritu de Francisco a toda la humanidad y, especialmente, gracias a su mansedumbre, cuidan los lugares sagrados para el Cristianismo en Tierra Santa. P. Carlos

Nota: las “llagas”, son las heridas de Cristo crucificado que Dios infundio en el cuerpo de Francisco: las manos, y los pies, huellas de los clavos de Cristo y el lanzazo con el cual el soldado romano abrió el costado de Cristo crucificado. (Juan 19, 34). Mas cerca en el tiempo, a otro fraile franciscano, el Padre Pio de Pietrelcina, también recibió la misma unión mística con Cristo.

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